La desmesura de Carlos Martínez

c_martinez-robin.jpgEra uno de los partidos más esperados de la temporada. El Barça-Chelsea de anoche reunía todos los alicientes necesarios para convertirse en uno de los partidos del año: dos de los mejores equipos de Europa frente a frente, el ánimo revanchista culé, el regreso de Mourinho al Nou Camp, el hambre de Ronaldinho y Eto’o…

Con los ánimos tan caldeados como se presentaban, Carlos Martínez, narrador del partido para Canal +, no supo, o no quiso, mantenerse aislado. Desde el comienzo del encuentro, Martínez se empeñó en hacerse notar por encima incluso de lo que sucedía sobre el césped, con un tono en la narración excesivamente alterado. Cuando el partido ya reúne de por sí todo lo necesario para mantener al espectador en tensión durante los 90 minutos, como era el caso del de ayer, las continuas salidas de tono del narrador se antojan innecesarias.

Uno puede entender que un narrador o locutor tenga sus preferencias. Es natural e incluso sano, siempre que éstas se demuestren de una manera ordenada y serena. Ayer, Carlos Martínez, mostró sus preferencias (lógico y natural tratándose el Barça de un equipo español) de un modo absolutamente desmesurado, con comentarios dignos de cualquier forofo del gol sur, olvidando por una hora y media su papel de frío y aséptico narrador.

Porque por momentos, Martínez no narraba, gritaba las jugadas. Ronaldinho era como una espoleta para sus desaforadas cuerdas vocales. Cada vez que el brasileño intervenía en una jugada, por simple que ésta fuese, Martínez estallaba en un alarde de forofismo, casi suplicando al genio blaugrana que hiciese “una de las suyas”.

Absolutamente fuera de lugar estuvieron los menosprecios hacia el rival. De estos hubo varios a lo largo de la narración, siendo el blanco habitual de ellos el imperturbable Mourinho. Le faltó a Martínez ponerse a corear los cánticos que el Nou Camp dedicaba al portugués, queriendo hacer incluso partícipe de ellos (y poniendo en un compromiso), al comentarista a pie de campo.

Mofas hacia las limitaciones técnicas de algunos de los jugadores blues, intervenciones desafortunadas, frases “dedicadas” al rival (a Crespo tras señalársele un fuera de juego y hacer éste el gesto al linier de que mirase mejor, le dedicó un asombroso “¡míralo bien tú, chaval, pero en la tele!“)… Demasiadas filigranas narrativas para un partido que casi no hubiera necesitado narración. La pasión estaba en el césped.

Secciones: Fútbol mediático, Liga de Campeones

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