Otro Mallorca
Cuatro encuentros le han bastado a Gregorio Manzano para dar un nuevo aire a un moribundo RCD Mallorca. El técnico jiennense, campeón de Copa con el conjunto balear en el año 2003, llegó al equipo hace un mes tras la sorprendente pero sincera dimisión de Héctor Cúper. El panorama en la isla no era nada halagüeño. Para ser sinceros, el Mallorca apestaba a Segunda División cuando aún restaba por disputarse más de un tercio de la Liga.
El “efecto Manzano” ha sido inmediato. En cuatro partidos con el nuevo técnico, los isleños no conocen aún la derrota, sumando dos victorias (Real Madrid y Málaga) y dos empates (Racing y Villarreal). Además sólo ha encajado dos tantos en estos cuatro partidos, solucionando el problema defensivo, una de las asignaturas pendientes de los baleares en el tiempo en el que Cúper dirigía al equipo.
Apenas se han producido cambios importantes en las alineaciones de Manzano con respecto a las diseñadas por Héctor Cúper. El defenestrado Sergio Ballesteros ha recuperado su puesto en el centro de la zaga, y está desconocido, nada que ver con aquel jugador agresivo, nervioso y torpe que vimos a principio de temporada. El tándem formado junto al portugués Nunes (uno de los mejores fichajes del Mallorca en los últimos años) se muestra cada vez más seguro y compenetrado.
En el centro del campo, Pereyra vuelve a asumir las responsabilidades, recuperando los galones que perdió durante algunos meses. A su lado, el reciente fichaje del griego Basinas se está mostrando como un acierto. Crea y destruye, y siempre aparece, nunca se esconde. Con este panorama, Farinós y Doni esperan su oportunidad desde el banquillo. Borja parece haber desaparecido definitivamente del equipo.
La banda derecha es de Jonás “el Galgo” Gutiérrez, tan veloz como en ocasiones descontrolado con el balón en los pies. Por la izquierda, Manzano confía en el canterano Tuni. El jugador de Sóller, poco a poco y sin hacer ruido, se ha convertido en un fijo en el once bermellón. Pone mucha intensidad en cada acción, pelea y brega y, por si fuera poco, tiene gol, como recuerdo de sus inicios como punta. Juan Arango es el jugador que hace que todo este entramado “se mueva”. El venezolano, quizá algo falto de carácter, es imprevisible con el balón en los pies y casi todo lo que hace suele estar bien hecho. Además, es el máximo realizador del equipo con ocho tantos. Arriba, en punta, Manzano cuenta con un jugador que está llamado a marcar una época en el Real Mallorca. El argentino Leo Pisculichi se muestra completamente aclimatado al equipo, y ha anotado ya tres goles desde que llegase en Enero. Por su parte, Yoshito Okubo es el gran perjudicado con la llegada de Manzano: sólo ha disputado un minuto (contra el real Madrid) desde la llegada del nuevo entrenador.
En definitiva, hombre por hombre es un equipo muy similar al que vino empleando Cúper. Quizá la aparición de Angelos Basinas en el centro del campo suponga la mayor novedad, pero en ningún caso justifica por sí sola el enorme cambio experimentado por el club mallorquín. La mano de Manzano se nota, y el equipo se acerca a la salvación. Algo en lo que muchos aficionados mallorquinistas dejaron de creer hace ya varios meses.
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