Dos formas de entender el ser entrenador

Lotina_Quique.jpgRCD Espanyol y Valencia CF cayeron ambos derrotados en la jornada disputada el pasado fin de semana. Los pericos se vieron en todo momento superados por la máquina de fútbol directo y efectivo en que Aguirre ha convertido a Osasuna. El 2-4 final en el marcador lo dice todo. Los jugadores espanyolistas, que venían de resisitir un agónico empate entre semana en Riazor que les daba el pase a la final de Copa, no estuvieron al nivel que Osasuna exige.

Quizá por esto, y lejos de querer cargar culpas sobre la plantilla, el entorno, los árbitros, el césped o cualesquiera elementos, Miguel Ángel Lotina, en una lección de humildad, se apresuró a descargar la culpa de la derrota sobre sus jugadores, asumiendo él mismo la equivocación que supuso, siempre según él, “sacar al campo a jugadores que venían de darlo todo entre semana y no estaban al 100%“. En la derrota, el buen entrenador debe ejercer también de psicólogo y motivador, saber descargar de presión a sus jugadores y ponerse al frente de la nave cuando se prevea tempestad. Lotina lo hizo.

Todo lo contrario, a mi entender, que Quique Sánchez Flores. El técnico del Valencia se está convirtiendo en un auténtico virtuoso de la excusa. Cada mal resultado de su equipo suele venir acompañado de una disculpa peregrina. O los árbitros, o la presión impuesta por la prensa o, sin ir más lejos, y como el pasado domingo en El Sardinero, sus propios jugadores. El 2-1 frente al modesto Racing escoció de lo lindo en el banquillo ché. Lejos de asumir errores propios como pudiera considerarse la alineación de jugadores como Curro Torres, Mista, o posteriormente un Hugo Viana claramente fuera de forma, de sitio y de todo, Quique vierte las culpas sobre los demás. Parece que él nunca se equivoca. ¿Qué intensidad puedes pedir a Mista o a Curro Torres, que llevan un montón de tiempo sin jugar regularmente?

Un supuesto aspirante al título no puede permitirse marcar sólo dos goles en los cuatro últimos partidos, en los que además ha cosechado tres empates y una derrota. Eso sólo se explica desde el conformismo con el que el Valencia ha saltado al campo en las últimas jornadas. Un conformismo que, aunque Quique no quiera ver, es evidente y palpable domingo tras domingo en los últimos tiempos.

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