Alan Shearer despierta de su sueño
“I know it’s over“. Parafraseando al gran Morrissey, Soccernet titulaba así la noche del pasado miércoles el resumen de la victoria del Chelsea sobre el Newcastle United (1-0), en los cuartos de final de la FA Cup. El título, dispuesto sobre una gran foto de Alan Shearer, dejaba claro que el sueño del genial delantero inglés se había esfumado merced a aquel solitario gol de John Terry al saque de un córner.
Por increíble que pueda parecer, Alan Shearer sólo ha conquistado un trofeo a lo largo de toda su extensa carrera como futbolista profesional, y fue aquella Liga con el Blackburn Rovers que le lanzó a la fama, y de la que ya hablamos hace algunos días. Su posterior marcha al Newcastle, el equipo de su ciudad natal, condicionó en buena medida su colección de trofeos. Un equipo histórico en Inglaterra, con la segunda afición en importancia del país… pero con escaso peso específico en Europa y casi siempre a la sombra de los gigantes de Londres y del centro del país.
Cuando Shearer decidió emprender marcha hacia el Newcastle, después de haber brillado en Southampton y sobre todo en Blackburn, era un jugador muy cotizado y pretendido por varios de los grandes de Europa. Inter o Real Madrid quisieron hacerse en su día con los servicios del rubio delantero, pero el corazón pudo a la ambición y el hambre de títulos, y Shearer terminó recalando en el Newcastle, para convertirse en uno de los ídolos históricos de la afición de Saint James’ Park. Quien sabe, quizá si hubiese salido de Inglaterra con destino a Italia o a España, su vitrina de trofeos podría haber aumentado considerablemente. O quizá nunca se hubiese adaptado a unas ligas tan diferentes a la británica.
Erigido como el auténtico líder, dentro y fuera del campo, de los magpies, Shearer no ha conseguido levantar un sólo título con el club de sus amores en las diez temporadas que lleva en el club. Atesora todos los records como goleador habidos y por haber, un buen número de galardones individuales (varias veces jugador del año para la prensa y para sus compañeros), pero los títulos no terminaron de llegar. Una final de la FA Cup en el 97 (el año de su terrible lesión de ligamentos) frente a un Arsenal que fue demasiado hueso para el Newcastle (2-0 para los gunners), fue lo más cerca que Alan estuvo de conseguir un nuevo título.
Ya el pasado año 2004/2005 anunció su retirada para el final de la temporada. Al final, algunas presiones por parte del club, y el apoyo del por entonces técnico de las urracas, Graeme Souness, motivaron que Shearer decidiese seguir un año más en activo. En principio, su rol en esta última temporada iba a ser el de player-assistant manager, como ayudante de Souness en el banco, pero las cosas no han ido bien para el Newcastle, y las circunstancias han hecho que Shearer haya tenido que volver a convertirse en el líder del equipo dentro del campo.
Pero esta vez sí, es la definitiva. Shearer se va, deja el fútbol al final de la temporada, con 35 años y muchos goles en sus botas y en su cabeza. Pocos delanteros ha habido como él, capaces de golear por pura fuerza o por técnica, con un golpeo de balón letal, y una capacidad de liderazgo inigualable. Se va el delantero de la eterna sonrisa, de las celebraciones discretas y siempre respetuosas, el alma del Newcastle, el mejor delantero inglés de los últimos 15 años.
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