Caparrós y Lendoiro cruzan mensajes
Joaquín Caparrós envió el martes un mensaje directo a su presidente, Augusto César Lendoiro:
“No se puede dar la impresión de que vamos a vender hasta los balones. No se puede vender pesimismo”
No es casual que el entrenador del Deportivo haya recurrido al altavoz de la prensa. Sabe que, con el horizonte que se adivina, su margen de progresión es limitado, por no decir nulo. Si a la plantilla actual, notablemente hastiada, le sumamos un año y le quitamos algún nombre (Molina, Duscher, Andrade, Víctor), el resultado puede ser dramático.
Caparrós se hizo un nombre como exprimidor de plantillas con su trabajo en el Sevilla, donde supo conjugar a la perfección las gangas que Monchi encontraba en el mercado (Baptista, Alves, Adriano) con el talento surgido en la cantera (Reyes, Sergio Ramos, Jesús Navas). Por eso, su nombre parecía encajar como un guante en el proyecto de Lendoiro, que lleva años practicando una fuerte contención en el gasto.
Lo que ocurre es que en el Deportivo no está Monchi, ni nadie que se le parezca. Con menos de seis millones se ha contratado al uruguayo Taborda y Arizmendi, éste último en el mercado de invierno. Y como era de esperar, la cantera no se ha puesto de repente a dar frutos después de una década sin nada nuevo que ofrecer. Dice Caparrós:
“En España, se hace mucha demagogia con la cantera. Hay que invertir y dedicarle mucho más. El Deportivo B debería ser casi profesional, los técnicos tienen que estar bien remunerados y los juveniles deberían ser casi un equipo filial”
El entrenador del Deportivo atisba lo que cualquiera: un equipo apático, envejecido, cada vez menos competitivo y menos proclive a contagiarse del entusiasmo que pretende inyectar su técnico. De ahí su toque de atención, que ha causado “perplejidad” en el club según un portavoz. El diario oficial del club ha entrado al trapo y respondió ayer con contundencia, como hoy recuerda As:
En la portada el titular era “Si te vas… ya vendrá otro”. En (sic) la editorial, titulada “Divide y perderás”, se podían leer frases como “Caparrós ha tirado por la calle de en medio…”, “Este proceder perjudica los intereses del club…”, “Caparrós deberá aclarar si continúa o no…” o “Si se va, el club está en la obligación de buscarle un sustituto…”. Ya en páginas interiores, se proponen los nombres de cinco posibles relevos: Aguirre, Víctor Muñoz, Schuster, Valverde y Javier Irureta.
Tiene razón el club: si Caparrós se marcha, vendrá otro y aquí paz y después gloria. Pero también debería Lendoiro pararse a pensar si ese otro será capaz de hacer mucho más con una plantilla en la que cada futbolista ya entregó hace tiempo lo mejor de sí. El Deportivo no está por encima del bien y del mal, como a veces parece creer su presidente. Sin futbolistas no llegará a ninguna parte. Si todos recordamos hoy con cariño a Arsenio y a Jabo, es por culpa de Mauro, Fran, Donato, Djukic, Makaay, Bebeto, Víctor y unos cuantos más. Y de esos el Depor ya no anda sobrado, precisamente.
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