Materazzi, éste no es tu deporte

El dÃa que en la escuela primaria dieron a escoger a todos los niños entre el calcio y el pallacanestro tú, el pequeño Marco Materazzi, ya te sentiste desubicado. A buen seguro eras un niño solitario, enfrentado con media humanidad. Tus compañeros no te respetaban, tus compañeros te tenÃan miedo y en ese miedo tú aprendiste a hacerte fuerte.
Pasaron los años, y viste que tu dictadura del miedo podÃa también cosechar sus éxitos en los campos de fútbol, más allá del patio de la escuela y de las calles de Lecce. Te enrolaste en varios equipos de categorÃas inferiores, hasta que pudiste dar el salto a algo que probablemente nunca hubieses imaginado. El Perugia apostó por ti, pero tus malas artes pronto te llevaron cedido a otros equipos. Un golpe de suerte (doce goles en una temporada) hizo que el Inter, habituado a pescar aquà y allá, decidiese hacerse con tus servicios. De ahà al estrellato, a la azzurra, todo a base de golpes, agresividad desmedida, y maniobras impropias de un deporte tan noble como el fútbol.
Ni siquiera podrÃa recomendársete el boxeo, ni el kick-boxing… No, lo tuyo va más allá. Tú no necesitas reglas, las reglas las impones tú. Eres el Tyler Durden de los estadios de fútbol.
Lo de ayer a Juampi SorÃn fue sólo una muestra más de tu inagotable y vergonzoso repertorio. Un codazo criminal, premeditado y alevoso. Un alarde de frustración por la derrota ante un pequeño pero voluntarioso equipo. Una maniobra indigna de unos cuartos de final de la Liga de Campeones.
Cuentas con la aquiescencia de tu histórico club para desempeñarte de ese modo, pero esperemos que la UEFA no sea tan condescendiente y entre a sancionar de oficio.
Secciones: Liga de Campeones, Villareal
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