Los errores de Ancelotti
Uno de los focos de expectación del gran partido de anoche entre Milán y Barcelona era la estrategia y la táctica que desarrollaría Carlo Ancelotti, habida cuenta de los rumores que le sitúan la próxima temporada en el banquillo del Real Madrid, y de la importancia que la parroquia blanca da al rendimiento de sus futuribles frente al eterno rival.
La alineación oficial del Milán no ofreció grandes sorpresas: el equipo rossonero saltó al campo con Dida en la portería, Serginho y Stam en los lados, Nesta y Kaladze en el centro de la defensa, Gattuso como perro de presa, Pirlo de arquitecto, Seedorf y Kaká como falsos interiores y Sheva y Gilardino en punta. Sin embargo, varios detalles antes y durante el partido señalan al técnico italiano como, al menos, co-responsable del bajo rendimiento de su equipo. Veamos.
- Miedo a Ronaldinho. La discutible alineación de Stam en el lateral derecho respondió, sin duda, a la finalidad de enjaular a Ronaldinho e incapacitarle para sus habituales avances por el flanco izquierdo; todo un ejercicio de precaución, toda vez que durante el tiempo que estuvo en el campo el Gaucho ya tuvo una sombra en forma del incansable Gattuso. Stam rindió a su habitual buen nivel como defensor (a pesar de estar recién salido de una lesión) pero en ataque fue una nulidad, máxime si comparamos su rendimiento con los veinte minutos finales de Cafú. Considerando que el lateral izquierdo, donde Ronie no suele bajar a defender, es habitualmente uno de los puntos débiles del Barcelona, y que pocas veces se pegan Kaká o Seedorf a la cal, pareció un lujo excesivo prescindir de él.
- Los cambios. Sorprendieron los relevos que ordenó Ancelotti tras el golazo de Giuly y la subsiguiente descomposición del Milán. Aunque la salida de Pirlo estaba cantada por su bajo rendimiento y nula influencia en el encuentro, no es de recibo sustituirlo por un defensa nato como Maldini, aunque ello supusiera que Serginho se adelantase; quien además, como la mayor parte de los laterales largos cariocas, hace más daño llegando desde atrás. Pero mucho peor fue la sustitución de Gattuso, cuyo trabajo sobre Ronaldinho había sido estimable, por Ambrosini, futbolista también de corte defensivo pero de mucho menor nivel; hecho atestiguado, por ejemplo, por su horrible resolución de un mano a mano con Valdés. Por último, el cambio cantado, el de Cafú por Stam, no lo realizó hasta el minuto 77.
- Actitud. El Milán salió en su feudo de San Siro, ante un Barcelona plagado de bajas, como si jugara fuera de casa y ya de entrada tuviera que defender un resultado. El conjunto rossonero salió agarrotado, más pendiente de guarecer el portal propio que de mirar al contrario; y tras unos minutos eléctricos en que Gilardino y Shevchenko dieron un par de latigazos, entró en el fútbol cansino y parsimonioso que ha sido su seña de identidad en estos últimos tiempos. Luego, tras un comienzo de la segunda parte ciertamente prometedor, el equipo se derrumbó como un castillo de naipes con el tanto del Barcelona, y durante media hora fue un juguete de su rival; por momentos parecía un partido de hombres contra niños. Sólo en los últimos minutos el arreón final maquilló un poco la decepcionante imagen de la escuadra transalpina.
En resumen, aunque también tuvieran mucho que ver en el resultado el desacierto de los delanteros milanistas, la “desaparición” de gente como Pirlo y Kaká, la mala suerte y, por supuesto, las virtudes del Barça, una parte muy importante de la cuota de responsabilidad por el resultado corresponde a Ancelotti. Es difícil creer que las decisiones reseñadas y la imagen general dada por su Milán en momento y lugar tan trascendente llenen de entusiasmo a los aficionados madridistas ante la probable llegada del italiano.
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