¿Por qué no se achicó agua en el Pizjuán?
Mayúsculo problema el que se ha generado a raíz de la suspensión del Sevilla- FC Barcelona que debió de disputarse anoche en el Ramón Sánchez Pizjuán. La comprimido del calendario y la ausencia de fechas disponibles para la disputa del encuentro de aquí a que finalice la Liga (el partido no podría disputarse una vez finalizada ésta) van a obligar a las cabezas pensantes de la RFEF y de la LFP a exprimir las neuronas y hacer mil cábalas de fechas para poder encontrar una fecha para el partido. Con Sevilla y Barça con pie y medio en las finales de UEFA y Liga de Campeones respectivamente, la situación se antoja mucho más complicada si cabe.
Y es que, por momentos, anoche dio la sensación que el único interesado en que se disputase el partido era Teixeira Vitienes. Consciente del problema que se podía generar, el colegiado cántabro se dio hasta una hora de plazo para tratar de disputar finalmente el partido Una hora en la que se pudo hacer bastante más por deshacerse del agua que anegaba una de las bandas del Pizjuán.
Si a las 21 horas, hora de comienzo del partido, el aspecto del terreno de juego y el graderío era desolador (verdaderos torrentes caían por los vomitorios del estadio), el magnífico drenaje del césped nervionense posibilitó que a las 21:30 horas apenas quedase ningún charco sobre el campo… salvo en la banda anegada. Tal era la cantidad de agua acumulada en esa zona concreta, que el balón parecía flotar en lugar de deslizarse sobre la hierba.
En vista del buen estado que presentaba el resto del terreno, Teixeira decidió ampliar el plazo hasta las 22 horas, convencido quizá de que el Sevilla FC pondría todos los medios posibles a su alcance para achicar el agua que inundaba aún parte del césped. No fue hasta las 21:40 horas cuando saltaron al césped sevillista cinco jóvenes equipados con sencillas escobas domésticas que, con bastante poco garbo, trataron de evacuar el agua barriendo la superficie anegada. Inútil esfuerzo. El agua retrocedía, pero muy lentamente.
¿No pudo hacerse nada más por evitar la suspensión del partido? ¿No pudieron ponerse más personas y más medios? ¿Por qué no hay una simple motobomba en un estadio de Primera División (habria que ver en cuántos estadios cuentan con una, pero no sería mala solución para estos casos)?
A toda España le quedó claro anoche que ni Sevilla FC ni FC Barcelona, más pendientes de sus importantísimos compromisos europeos de esta semana frente a Schalke04 y Milan, tenían la más mínima intención de apurar las opciones de disputar el partido en la noche de ayer. Un diluvio, nunca mejor dicho, como caído del cielo para los intereses sevillistas y azulgranas.




