1962: Brasil, bicampeón sin Pelé
Con el maravilloso bloque de 1958 casi intacto, Brasil se presentaba como máximo favorito para ganar el Mundial de Chile. Sin embargo, un contratiempo inesperado limitaba gravemente de entrada las aspiraciones de la canarinha de revalidar su título. En el segundo partido de la primera fase, su gran estrella Pelé se lesionaba de gravedad y se perdía el resto del torneo. Su puesto fue cubierto con gran solvencia por Amarildo, otro estupendo delantero, poderoso y resolutivo. En particular, Amarildo fue el encargado de enviar a casa a España con dos goles en el difícil partido de Viña del Mar, ante una selección roja que tenía equipo para mucho más.
La selección brasileña, como ha quedado dicho, mantenía la misma columna vertebral que le había hecho campeón cuatro años antes: Gilmar en la portería, Nilton y Djalma en los lados, Didi ordenando, Zagallo y Garrincha en las alas y Vavá arriba. Las nuevas incorporaciones, Mauro y Zozimo, no fueron especialmente relevantes. La calidad del juego de los campeones descendió, debido a la veteranía de varios de sus hombres: Didi no tenía la frescura de Suecia, Nilton Santos estaba lento, y ni siquiera el arquero Gilmar poseía los reflejos de antaño. Era una incógnita si la clase brasileña podría imponerse al fútbol-fuerza que, aun en estado embrionario, empezaba a aparecer en Chile.
En esta tesitura, el mágico e imprevisible Garrincha se elevó sobre sus compañeros para llevarles en volandas a la final de Santiago. Primero ante Inglaterra, donde los inventores del fútbol no eran ni el señuelo del equipo que sería campeón cuatro años después (perdieron 3-1) y a continuación ante los anfitriones chilenos, que cumplimentaron una actuación más que digno y una semifinal espectacular. A pesar de una actuación estratosférica del extremo canarinho, que incluso anotó dos goles, la selección anfitriona estuvo dentro del partido hasta siete minutos del final, en que Vavá hizo el cuatro a dos definitivo. Al menos, Chile se quedó con el consuelo del tercer puesto, con un equipo donde destacaban Leonel Álvarez y Rojas.
En la final del estadio Nacional esperaba a Brasil la selección de Checoslovaquia, en su segunda comparecencia en la cima del fútbol. El equipo eslavo basaba su sistema de juego en la capacidad física, la seguridad defensiva y la solvencia del guardamenta Schroif. El eje del conjunto era el magnífico centrocampista Josef Masopust, un émbolo en el centro del campo, con poderío, regate (su slalom era famoso), capacidad de pase y mucho gol. A su derecha, el veloz extremo Tomas Pospichal era el principal encargado de surtir de balones a los delanteros, y el resto de las joyas del equipo estaban por detrás: Ladi Novak, lateral zurdo y mejor defensor del torneo; Svatopluk Pluskal, gran central y ocasionalmente lo que hoy conoceríamos como volante tapón; o el lateral derecho Jan Popluhar, que con el tiempo se convirtió en precursor de la posición de libre que luego haría famosa Beckenbauer. Los checoslovacos habían eliminado a una cansada Yugoslavia, sensación del Mundial, y a Hungría, con una estupenda actuación de Schroif que hizo bueno el solitario gol de Scherer.
La final vino precedida de polémica: el equipo europeo se quejó de la alineación de Garrincha, que había sido expulsado en el encuentro anterior pero no sancionado, mientras que Brasil miró con desconfianza la designación para la final del colegiado ruso Latychev, pues en aquella época Checoslovaquia era parte integrante del bloque soviético. Sin embargo, el partido no resultó especialmente difícil y transcurrió dentro de los cauces de la deportividad.
Comenzó Checoslovaquia atacando e imponiendo un ritmo fuerte al partido, sabedora de que esta era la única manera de contrarrestar la superioridad técnica de los veteranos futbolistas cariocas. Y la táctica les dio frutos rápidamente, pues una internada del eléctrico Pospichal fue resuelta por Masopust con un tiro seco que ponía en ventaja al equipo eslavo.
Sin embargo, la calidad y un poco de suerte se aliaron con el bando brasileño. Así, sólo dos minutos después del gol checoslovaco, Amarildo controla un balón por la parte izquierda, gambetea y quiebra, y con el guardameta Schroif descolocado esperando un centro, envía un estupendo centro chut a pie cambiado que significa el empate. Sin embargo, el gol no desatasca a los campeones, muy bien presionados por el centro del campo eslavo, y se llega al descanso con la igualada en el marcador.
El partido comenzó con otro ritmo en el segundo tiempo. Los extremos brasileños Garrincha y Zagallo comienzan a carburar, Brasil pone cerco a la portería rival y Zito, con el poderío que le es propio, visita cada vez con más frecuencia el área de Checoslovaquia. En una de estas subidas, consigue rematar un centro de Amarildo y voltea el resultado. Es el 2-1.
En medio de la avalancha brasileña, sin embargo, se produce la jugada clave que pudo cambiar el signo de la final: unas manos diáfanas de Djalma Santos que el ruso Latychev no sanciona al no estimar voluntariedad. Es la última oportunidad de los checoslovacos, que poco después encajan el tercer gol en un error lamentable de Schroiff, quien falla un blocaje y sirve el tercero en bandeja a Vavá. Es el fin. Los brasileños dedicarán el título a Pelé, aunque su alegría tendrá un punto agridulce: saben que el equipo maravilloso de Suecia ha rendido su último servicio, y eso se notará en el siguiente campeonato.
ALINEACIONES. Brasil: Gilmar, Djalma Santos, Mauro, Nilton Santos, Zito, Zozimo, Garrincha, Didi, Vavá, Amarildo y Zagallo. Checoslovaquia: Schroif, Tichy, popluhar, Novak, Pluskal, Masopust, Pospichal, Scherer, Kvasnak, Kadraba y Jelinek.
Secciones: Alemania 2006, Brasil, Historia de los Mundiales, República Checa
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