Un diez para la aceitera
Como todos sabemos, un indeseable que acudió ayer al Reyno de Navarra trató de descalabrar a una persona por el flagrante delito de jugar al fútbol en un equipo distinto al suyo. Empleó para su atentado fallido una aceitera (llena, según dicen los allí presentes) que pasó a escasos centímetros de las cabezas de un grupo de futbolistas que celebraban un gol. Eclipsados por la originalidad del utensilio, cayeron también al césped (según inventario del diario El Mundo) mecheros, botellas de agua llenas y vacías, botes de refresco y de cerveza, bolas de papel de aluminio y un plátano.
No se trata de criminalizar a la afición de Osasuna. Desgraciadamente, la temporada que finaliza ha estado bien servida de espectáculos dantescos que han avergonzado a distintos estadios. Pero lo que resulta aún menos oportuno es darle “un diez al jugador número doce”, como propone hoy una colaboradora del diario As en un artículo surrealista. Y López Caro, que tiene un sexto sentido para ver lo que a los demás se nos escapa (”juego impresionante”, “actitud grandiosa”), tampoco escatimó palabras de elogio. En su opinión, la afición “se merece una nota muy alta”.
Frente a estas dos visiones tan particulares, parece más sensato pensar que entre un sobresaliente en conducta y una cabeza abierta hay algo más que el medio metro escaso que separó la aceitera de su objetivo. O si no, tal vez nos estemos volviendo todos locos.
[Foto: Realmadrid.com]
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