Fabio Rochemback

rochemback.jpgHay jugadores que nacen con el don del nervio. Corren más, chutan más fuerte y pueden perseguir al rival por todo el campo hasta que desespera. Son jugadores adorados por su afición, porque entienden que se deja la piel en el campo. Los aficionados ven en sus carreras, en cómo embiste a sus rivales, en cómo se juega la pierna (la suya y también la del contrario), en cómo golpea el balón, gestos de indudable compromiso. Piensan: si yo jugara en mi equipo, jugaría así, sin duda.

Sin embargo, como “la fuerza”, el nervio también tiene su lado oscuro. Cuando las cosas se tuercen (y como todos sabemos, las cosas siempre terminan por torcerse), este tipo de jugadores, por su presencia, destaca más que el resto en el campo. Entonces, la imagen de su compromiso deviene sinónimo de irracionalidad. Sus carreras comienzan a ser vistas como innecesarias. Cuando embiste a un rival, la grada teme lo peor (una expulsión, un penalty, la guerra). Cuando golpea el balón la gente piensa que lo odia, porque siempre bota al lado contrario hacia el que él corre.

Uno de estos jugadores todo-nervio es Fabio Rochemback. Llegó al Barcelona proveniente del Internacional de Porto Alegre brasileño en la temporada 2001-2002. Le precedía la fama de ser uno de los más prometedores jugadores de Brasil. Sin embargo, el proyecto Rexach pronto empezó a hacer aguas. Lo que en pretemporada eran halagos pronto se convirtieron en feroces críticas. Aquellos miembros del famoso entorno culé que anhelaban hacerse con el poder de Can Barça le señalaron pronto como una de las torres más sencillas de tomar antes del asalto final. El desmesurado precio que el Barcelona pagó por él (2.500 millones de pesetas) les dio el primer y definitivo argumento. Una cruz negra tachó entonces su nombre.

Rochemback estuvo dos temporadas en el Barcelona, en las que su nervio le traicionó en demasiadas ocasiones. Su sentencia definitiva le vino en el terrible derrota para los cules 2-4 que les endosó el Valencia de Benítez en la temporada siguiente. Entonces, Van Gaal le cambió en el minuto 35 de la primera parte, con 0-2 en el marcador, debido a un error suyo en el primer gol. Mientras enfilaba los vestuarios, el brasileño, como comprendiendo su destino, lanzó con rabia la camiseta del Barcelona. En la rueda de prensa, Van Gaal dijo “Rochemback tiene que imaginar porque un entrenador cambia a un jugador a los 35 minutos”. Entonces comenzó su particular travesía por el desierto.

Fue cedido al Sporting de Lisboa, un grande de Portugal entonces a la sombra del enorme Oporto de Mourinho. Allí pasó dos temporadas, en las que jugó a un enorme nivel. La primera de ellas, algo más adelantado en el terreno de juego, incluso logró nueve goles. En la segunda de las temporadas que Rochemback jugó en Lisboa, el Sporting alcanzó la final de la Copa de la UEFA, que disputaría en casa frente al CSKA de Moscú, un rival inferior sobre el papel. La fiesta estaba de antemano preparada en el estadio José Alvalade, pero como tantas veces que se da un resultado por seguro, la pelota, caprichosa diosa del fútbol, se rebeló, y los lisboetas terminaron perdiendo el partido por un más que inesperado 3 a 1. Quienes vimos el partido retransmitido por Televisión Española recordamos la desbordante alegría de Michel al señalar a Fabio Rochemback como el principal culpable de que el juego del Sporting no fluyera aquella noche.

Esta temporada Rochmeback ha sido traspasado al Middlesbrough inglés. Sus comienzos en el club de Riverside no fueron fáciles y algunas voces se levantaron contra su fichaje. No parecía ser el complemento del defensivo internacional holandés George Boateng, en el centro del campo. Sin embargo, tras tocar fondo en enero con una humillante derrota contra el Arsenal por 7 a 0, el Middlesbrough está haciendo un final de temporada espléndido, que le ha valido la clasificación para la final del la Copa de la UEFA. Esta será la segunda oportunidad de Fabio Rochemback de hacerse con el título europeo. Frente a él, el Sevilla del Centenario. Nervio, lo podemos dar por seguro, no faltará en la parte central del campo.

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