Notas de la final de la Copa de la UEFA
Varios sevillistas, en su mejor versión. Descontando los primeros veinticinco minutos de la segunda parte, el Sevilla fue claramente superior al Middlesbrough, arrollando a los británicos en el tramo final del partido. Aparte el imperial Maresca, el mejor, otros jugadores merecen mención especial. Como Daniel Alves, que dio un manual en la primera parte de lo que debe ser un carrilero; Adriano y Navas, puñales por las bandas, uno en cada tiempo, habilidad y velocidad; Palop, providencial cuando se le necesitó; David y Martí, con la solvencia que los caracteriza; o Luis Fabiano, que firmó quizá sus mejores cuarenta y cinco minutos como sevillista, golazo fundamental incluido. Un conjunto basado en un plantel de gente que merece una oportunidad en la selección (los casos de Navas y David son sangrantes), tres brasileños magníficos que no irán al mundial, y un mediocentro de lujo que honra al fútbol italiano. Anoche, un equipazo.
Demasiados desaparecidos en el Middlesbrough. El equipo inglés se plantó en el campo sobre la base del 4-4-2, como estaba previsto, con Rochemback y Boateng en el centro, el fino Downing por la izquierda y Morrison por la derecha. Al final, McClaren confió en la veteranía de Viduka y Hasselbaink, dejando en el banco al potente Yakubu y a Maccarone. Le salió bien a medias, pues mientras el aussie gozó de las mejores oportunidades de su equipo, Jimmy fue un fantasma en el Philips Stadium. Ante la inoperancia general y el resultado, sacó a Maccarone por un irrelevante Morrison, y el Boro vivió sus mejores minutos, con el italiano como falso interior diestro. Sin embargo, el cambio a los 70 minutos de Yakubu por Quedrue (delantero por central) con el consiguiente paso a 3-5-2, desnudó al equipo, que quedó a merced del Sevilla. La mala imagen del conjunto inglés ha sembrado de dudas los tabloides británicos sobre la próxima andadura de McClaren al frente de los pross.
Los cambios de Juande. Las decisiones del entrenador manchego en el segundo tiempo condicionaron el desarrollo del choque. El primer cambio fue cuestionable, pues aunque la aportación de Saviola estaba siendo discreta, Kanouté y Luis Fabiano se anulan juntos, por tratarse de futbolistas de perfil muy similar; el ataque hispalense dejó de tener claridad, el centro del campo retrocedió ante el ímpetu del Boro y llegaron los peores minutos para el Sevilla. Sin embargo, enmendó la plana a la media hora con un detalle de genio: en cuanto vio que el Middlesbrough se quedaba con defensa de tres y se iba al ataque, resolvió su problema quitando a Luis Fabiano, sacando a Renato para poblar el medio, y subiendo a Maresca a la media punta, donde más daño hace. Con esta combinación y los espacios abiertos, el Sevilla hizo pedazos a su rival.
El éxito de un proyecto. No puede denominarse de otro modo al triunfo de esta gente que sacó primero al Sevilla del pozo, consiguió la permanencia en el primer año, y desde el segundo han estado siempre mirando hacia arriba; el año pasado se quedaron a un partido de la Champions, y éste ya son campeones de la UEFA. Además, han sacado a gente como Reyes, Sergio Ramos y Navas, futuro del fútbol español, y han recuperado a excelentes futbolistas como Baptista o Maresca. Chapeau para Monchi, por su fenomenal ojo clínico, para Caparrós, por los años de viaje a la élite, para Juande, por la consagración, y para Del Nido, el director de orquesta.
Triunfo del fútbol español. El partido de ayer puede leerse como un triunfo en toda regla del estilo de juego que más gusta y más tradición tiene en nuestro país, toque y raseo, frente a las más rancias esencias del fútbol inglés, patadón, remate, prolongación y segunda jugada. Aunque con ese sistema (que justo es reconocer que les había llevado a la final) el Boro cazó algunas oportunidades en el segundo tiempo, la sensación general es que, cuando el Sevilla impuso su ritmo, fue netamente superior, y de hecho así lo reconocen los diarios británicos. Y no vale en este caso decir que el Sevilla tenga mejores jugadores - que los tiene - pues que en los últimos años cada club ha fichado jugadores de las características que ha deseado, dentro de sus posibilidades, y la capacidad adquisitiva del Boro ha sido seguramente superior a la del Sevilla. No digo con esto que el fútbol inglés tenga bajo nivel, sino que precisamente creció en los últimos años porque miró a Europa y supo mezclar con acierto lo positivo de cada lado. Un triunfo ayer del Boro hubiera supuesto, en ese sentido, una regresión, mientras que el éxito sevillista muestra el camino. ¡Felicidades!
Secciones: Sevilla, Copa de la UEFA
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