El Liverpool nunca se rinde

“No soy un estudioso del asunto. Ni veo vídeos del rival ni nada, sólo en ocasiones. Lo que hago es esperar lo más posible, fijarme en la posición del lanzador, intentar intuir por dónde va a lanzar, la carrera que toma antes de lanzar, también depende de quién sea el que lance… son muchas cosas”.
No es un método propiamente dicho, pero le funciona. Con tres paradas en la tanda de penaltis, Pepe Reina ha dado al Liverpool el triunfo en la Copa inglesa tras un partido vibrante, propio de la competición a la que puso punto final y que nos condujo en flashback a la final que, hace un año, coronó al equipo de Rafa Benítez como campeón de Europa. Porque, a la media hora, el West Ham ganaba por 0-2. Y en el descuento de la segunda parte, por 2-3. Pero este Liverpool, está claro, no desfallece. Por mucho que se tuerzan las cosas, nunca se rinde.
El Liverpool se complicó la vida en siete minutos. En el 21, Jamie Carragher no se resistió a culminar en su portería una buena combinación del West Ham. Y en el 28, fue el propio Reina quien dio aún más ventaja a su rival. El portero español fue incapaz de blocar un disparo blando de Etherington, dejó el balón en los pies de Ashton y el segundo gol entró llorando.
Desde luego, no era la situación más difícil en la que se ha visto este equipo. Si le remontó tres goles al Milan en la final de la Copa de Europa, no iba a bajar los brazos por perder 0-2 con el West Ham en la Copa inglesa. Djibril Cissé, muy motivado, enchufó de nuevo a su equipo cinco minutos más tarde tras rematar un espléndido desplazamiento en largo de Steve Gerrard. Con 1-2 se llegó al descanso.
Al regreso, de nuevo Gerrard tiró de galones y tardó diez minutos en poner el empate. Lo hizo a su estilo. Pisó el área, chutó y la mandó a la escuadra. La final parecía nivelada, pero diez minutos más tarde apareció Conchesky por el costado izquierdo y se sacó un centro chut que sorprendió a todo el mundo, Reina el primero, y entró por el segundo palo.
Quedaban 25 minutos, pero al Liverpool le va la marcha. No empató hasta el descuento, cuando el West Ham ya celebraba la victoria y su entrenador había sacado al veterano Teddy Sheringham a recibir un baño de aplausos.
La prórroga también dio de sí. El Liverpool, fundido, a punto estuvo de dejarse el trofeo poco antes de llegar a los penaltis. Igual que en Estambul. El papel de Shevchenko se lo repartieron Reo-Coker y Harewood, con una doble oportunidad que, a falta de Dudek, desbarataron entre Reina y el poste.
Llegaron los penaltis. A favor del Liverpool jugaba la experiencia, la moral del que ha ido por detrás en el marcador y la destreza de Reina. La lógica, sin que sirva de precedente, se impuso a la lotería. Reina paró tres de los cuatro penaltis que lanzó el West Ham, enmendó sus anteriores pifias y le dio a su equipo una merecida victoria en una tarde magnífica de fútbol. De fútbol inglés y copero. Palabras mayores.
[Vídeo: Liverpool 3 - West Ham 3]
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