El peligro del Arsenal se llama Arsène Wenger

wenger.jpgEs indiscutible que la gran estrella sobre el césped del Arsenal es el francés Thierry Henry. Velocidad, técnica, descaro, multitud de recursos, gol… un sinfín de virtudes futbolísticas representadas en uno de los mejores jugadores europeos de la última década. La elegancia de su ágil zancada atrae las miradas y los flashes con inusitada facilidad.

Pero en este Arsenal las cosas no funcionan como en otros equipos. Si Henry es la estrella sobre el césped, con el balón en los pies, los gunners tienen otra estrella, más allá de la línea de banda. Arsène Wenger ha sabido aupar a un equipo que en principio no entraba en las quinielas de nadie, hasta el partido más importante del año en Europa. Eterno aspirante, al Arsenal le faltaba una pequeña dosis de confianza en sus posibilidades para alcanzar cotas mayores que en anteriores campañas. Y ha sido ahí donde el papel de Wenger ha sido fundamental, un entrenador que ha transformado completamente al club en los diez años que lleva en el mismo.

Extraordinario motivador, Wenger es capaz de sacar el máximo rendimiento de jugadores que en otros equipos pasarían completamente desapercibidos (increíble el caso de Mathieu Flamini, readaptado por las circunstancias al lateral izquierdo). El técnico alsaciano es además un profundo estudioso de los rivales, capaz de asfixiar tácticamente al equipo contrario (Madrid y Juventus pueden dar fe de ello) con la simple disposición de sus jugadores sobre el terreno de juego.

Tras su tormentosa salida del Monaco y su breve estancia en la liga japonesa, en 1996 Wenger tomó las riendas de un Arsenal sin futuro, encallado en un fútbol anticuado e improductivo. Sólo una temporada necesitó para conseguir el primer doblete (Premiership y FA Cup) de los dos obtenidos con el equipo londinense, primera piedra de su exitosa carrera en el club.

La media de edad de su equipo es de las más bajas de los grandes clubes europeos (sólo Henry, Lehmann y Gilberto superan los 25 años en el habitual once de Wenger), pero una preparación mental a conciencia posibilita que jugadores inexpertos se crezcan ante rivales mucho más fogueados.

Mucha gente, entre la que me incluyo, puede echarle en cara esa progresiva “desbritanización” de un equipo tan inglés como siempre ha sido el Arsenal. Un proceso que ha llevado a que sólo dos jugadores de nacionalidad inglesa sean habituales en el primer equipo (Campbell y Cole). Quizá ése sea el precio a pagar por alcanzar la cima del fútbol continental.

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