Sevilla 1986: los malditos penaltis
En 1986 el Barcelona disputó su segunda final de la Copa de Europa. La sede elegida para el partido era Sevilla, el Sánchez Pizjuán facilitaba un desplazamiento masivo de hinchas culés. Además el rival rumano, bajo el influjo soviético no desplazaría una gran cantidad de aficionados (además de los pocos que vinieron muchos aprovecharon para quedarse y pedir asilo político). Finalmente 35.000 barcelonistas se reunieron en el Sánchez Pizjuán, llegando a pagar hasta 25.000 ptas por una entrada en la reventa (que tiempos…).
La edición de aquel año era una prueba de fuego para la máxima competición europea, la edición anterior siempre será recordada por la desgracia de Heysel. Nada de eso podía pasar con una sola afición y encima en su mismo país.
Tiempos convulsos para aquel Barça, justo el día anterior el Madrid ganaba la copa de la UEFA ante el Colonia. Y en el seno del club, entre los jugadores, había mal ambiente, se especulaba con contrataciones como las de Zubizarreta y Roberto que amenazaban con una profunda renovación en la plantilla.
El camino de aquel Barça hacia la final, puede considerarse lo más cercano a un ataque de nervios. Goles agónicos de Steve Archibald para eliminar a Oporto y Juventus en Octavos y Cuartos. Y un memorable “hat trick” de Pichi Alonso para remontar tres goles al Gotteborg y superar las semifinales por penaltis.
Por el Barcelona Terry Venables sacó a Urruti, Gerardo, Migueli, Julio Alberto, Víctor, Alexanco, Carrasco, Schuster (que fue sustituido por Moratalla), Pedraza, Archibald (cambiado por Pichi Alonso) y Marcos.
El Barcelona era el claro favorito en casa, con su afición y ante un equipo sin tradición. Pero el partido se complicó. La superioridad técnica del Barcelona chocaba con la superioridad física de los rumanos. No se generaban ocasiones de peligro y poco a poco el Steaua fue matando el ritmo del partido, se sentía cómodo con el empate. Y con el empate se llegó al final del tiempo reglamentario. Nada cambió en la prórroga, y los penaltis asomaban.
Y ahí se creó parte de la leyenda negra del Barcelona en la Copa de Europa. Una fatídica tanda de penalti en la que los cuatro penaltis que lanzó el Barcelona se contaron por errores. Para nada sirvió las dos primeras paradas del cuestionado Urruti. Los goles de Lacatus (que luego sería jugador del Oviedo) y de Balint (que sería jugador del Burgos) sirvieron para que los rumanos lograsen su primer y único título, y el portero de los rumanos, Duckadam, se convirtiese en una leyenda .
Foto: www.uefa.com
Secciones: Barcelona, Liga de Campeones
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