Bergkamp, un genio se despide

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Cuando esta noche, FC Barcelona o Arsenal levanten el trofeo que les corone como reyes de Europa, un jugador, un caballero, un genio estará al mismo tiempo diciéndonos adiós. El partido de hoy no es solo la Final de la Copa de Europa. Es la despedida de un hombre que, como dijo en su día “Lobo” Carrasco en El Día Después, “juega siempre con smoking”. Dennis Bergkamp se va, se retira, ya no le veremos más. A sus 37 años ya ha logrado en el fútbol todo lo que quería: ganar y disfrutar jugando. Su nombre, Dennis, no es casualidad. Se debe a otro mito, el gran escocés del Manchester United de los años 60’ Dennis Law, Balón de Oro en 1964 y toda una leyenda en las islas.

Llegará a París en coche, conduciendo desde Londres (esos malditos aviones…), seguramente pensando en que, si marca, no podrá tener una despedida mejor. Es posible que, durante las horas que pase en la carretera, intente visualizar la mejor manera de batir a Valdés o de zafarse de Puyol y Márquez, tareas ambas verdaderamente complicadas, pero no imposibles para este holandés que halló la gloria a la orilla del Támesis, tal vez porque el caudaloso río le hizo sentirse más cerca de los canales de su Ámsterdam natal.

Bergkamp llegó a la élite del fútbol continental de la mano de un genio en los banquillos y compartiendo vestuario con otro genio del balón. En el Ajax le hizo debutar nada menos que Johan Cruyff, y acompañando en el ataque a “un tal” Marco Van Basten. Sin duda, credenciales suficientes para que de él se esperasen grandes logros. Pronto se hizo patente que la Eredivisie se le quedaba pequeña. Tres trofeos de máximo goleador consecutivos (91, 92 y 93) evidenciaron que ya estaba listo para dar el salto a un grande de Europa. Sin embargo, Dennis cometió, posiblemente, en único fallo en su dilatada carrera. Su destino fue el Inter de Milán, con toda seguridad, el equipo más convulso y con menos paciencia de toda Europa, en una liga, la italiana, que por aquel entonces era mucho más destructiva y jugadores como él eran rara avis en Italia . Un Calcio que, en aquella época, devoraba jugadores como quien se come una bolsa de ganchitos. Aun así, en solo dos temporadas, con más pena que gloria, le dio tiempo a alzarse con el título de campeón de la Copa de la UEFA de la temporada 1993/94. Bergkamp acabó hastiado y cansado, rezando porque llegara el club salvador que le arrancara de las garras del catenaccio.

bergkamp2.jpgY quien llegó al fue el Arsenal, que por aquel entonces intentaba construir un equipo que reeditase los éxitos de finales de los 80’ y acabase con la hegemonía de los “diablos rojos” en la Premier League, éxitos que no llegarían hasta que, dos años más tarde, desembarcara en la capital inglesa Arsene Wenger. Así, en la temporada 1995/96, Iceman llegó a Highbury para hacerse con un número 10 que ya nunca abandonaría. Como gunner ha compartido vestuario con Ian Wright y con su heredero Thierry Henry, y ha servido, junto con el francés, de ejemplo para la nueva hornada de jóvenes producto de la factoría Wenger. Ha logrado en las islas tres ligas y cuatro FA Cup, ha obtenido dos veces el premio al mejor gol de la temporada en el Premier League (1998 y 2002) y fue galardonado en 1998 con el premio de “Futbolista del año” por la asociación de la prensa inglesa. Además, posee un Balón de Bronce (1992), otro de Plata (1993) y ha sido nombrado en dos ocasiones tercer clasificado del FIFA World Player (1993 y 1997). Pero lo más importante, ha conseguido el reconocimiento de una grada, de un estadio rendido a sus pies y que hace dos semanas pudo despedirle como él se merecía: con victoria. Porque aquel 7 de mayo, no nos engañemos, Highbury y Bergkamp se dijeron adiós mutuamente. Y los dos lloraron, porque sus caminos no volverán a cruzarse. Tal vez el primero tuviera más años, pero ambos son ya parte integrante de la historia del Arsenal. Los jugadores pasan, si, pero solo los elegidos perduran en la memoria de los aficionados, una memoria en muchos casos muy corta y selectiva, pero que en otros es eterna.

Dice Bergkamp que abandona definitivamente el fútbol, que no tiene “madera de entrenador”. Da igual, Dennis. El fútbol está satisfecho con lo que has hecho por él, no le debes nada, ni él a ti tampoco. Y cuando esta noche te vea, ya sea como titular o entrando desde el banquillo, sonreiré y recordaré tu gol a Argentina, aquel en el que domaste un balón caído del cielo y lo colocaste lejos del alcance de Roa con la misma sutileza que siempre te ha caracterizado. Si hay un aspecto por el que me alegraría de la victoria del Arsenal esta noche será por verte levantar el trofeo de campeón de Europa, el único que te falta. Y si no, qué más da. Los títulos no lo son todo. El cariño de la afición es lo más valioso que puede tener un futbolista. Y el de Highbury y el mío, te lo puedo asegurar, lo tendrás siempre. Good bye Dennis.

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