El Éibar desciende a Segunda B

eibar_descenso.jpgAyer se confirmó lo que se venía atisbando desde hacía meses. El Éibar, todo un histórico en la Segunda División española, consumó su descenso a la Segunda División B tras una temporada lamentable rematada por el empate de ayer, en Ipurúa, ante el Lleida, con un gol en el descuento del visitante Unai Bergara, vizcaíno, curiosamente.

Resulta extraño que un equipo, que el año pasado se quedó a tan solo tres puntos del último puesto que otorgaba el ascenso a la Primera División haya realizado una campaña tan nefasta que le haya llevado a perder la categoría. Sin embargo, las seis derrotas consecutivas sufridas por el equipo entre las jornadas 28 y 33 fueron las que condenaron definitivamente al equipo vasco, que se había convertido en todo un clásico a pesar de tener uno de los presupuestos más bajos de la categoría (hubo años incluso en los que era el más bajo). Muchos equipos históricos de Primera pasaron por Ipurúa: Atlético de Madrid, Sevilla, Betis, Zaragoza, Espanyol (cuando aún era Español), Celta, Deportivo de la Coruña, Osasuna o Racing son algunos de los que tuvieron que bregar con el conjunto azulgrana en el difícil terreno eibarrés.

Atrás quedan jugadores, como Jon Kortina, Antonio Karmona, o el mítico portero José Ignacio Garmendia, presente en la temporada en la que el Éibar ascendió a Segunda (la 1987/88), que fue Zamora de la categoría en dos ocasiones (1992 y 1996) y que se dio a conocer por aquel famoso “¡Vamos Garmen!” que oíamos en “El día después”. Todo un clasico del fútbol.

Ahora, tras 18 años en la categoría de plata del fútbol español y, como dice su presidente, toca “bajar al infierno”. Porque la Segunda B sí que es un infierno, un verdadero pozo del que es muy difícil salir. Muchos equipos históricos como Logroñes, Oviedo, Cultural Leonesa, Córdoba, Extremdura, Rayo Vallecano o Mérida bien lo saben. Ahora toca jugar en terrenos de césped artificial, sin televisiones, sin “glamour”. Hace no muchos años, el Éibar practicaba, en Segunda, un fútbol duro, rocoso, de balón al aire y pelea constante, más propio del Wimbledon que de un conjunto español y que poco a poco se fue dejando de lado en aras de un juego más elaborado. Quizá, para afrontar su andadura en Segunda B, sea el momento de recuperarlo.

Lo que es seguro es que, si yo no conozco la Primera División sin Real Madrid, Barcelona o Athletic, tampoco conocía la Segunda sin el Éibar. Y el año que viene se me hará extraño. Ojalá regrese pronto.

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