Senna, español

senna.jpg

Fue el día que Marcos Senna debutó con la selección española en el amistoso contra Costa de Marfil. Un comentarista de radio muy conocido se preguntaba, en un momento en el que España no conseguía dominar el juego, si realmente era necesario recurrir a un extranjero teniendo los centrocampistas que tenemos. La pregunta no era malintencionada, y probablemente el comentarista sólo buscaba mostrar su prioridad por otros nombres como Iniesta o Cesc para el centro del campo. Sin embargo, la formulación de la misma resultó ciertamente chocante. ¿Por qué hablar de “extranjero” cuando nos referimos a un hombre que, de hecho, posee la nacionalidad española?.

Muchos pensadores señalan que el siglo en el que acabamos de entrar será el siglo de las grances migraciones. La revolución de los transporrtes sucedida en el último siglo, la explosión de los medios de comunicación y el nacimiento de la WWW, son algunos de los factores que han hecho que cada vez más personas, por una razón u otra, decidan vivir en lugares lejanos a los que le vieron nacer. Paralelamente a este fenómeno, la noción de “nacionalidad” también va cambiando. Afortunadamente, la identidad individual es algo elástico, mudable, maleable, también en lo que al sentimiento nacional se refiere. Así, cada vez es más normal ver cómo personas abrazan una nacionalidad, suscribiendo los valores (léase derechos y deberes) que a ella están asociados, sin renunciar necesariamente a su cultura de origen.

El fútbol es un espejo de muchas cuestiones sociales y en la referida a lo que podríamos denominar “nacionalidades adoptadas” también nos aporta ejemplos para ilustrar lo dicho. Uno de ellos fue la selección de Francia vencedora del Mundial de 1998, un auténtico mural identitario compuesto entre otros por jugadores nacidos en lugares como Ghana (Desailly) o Senegal (Vieira), que han pasado su infancia en Argentina (Trezeguet), u otros de ascendencia armenia (Djorkaeff) o argelina (Zidane). El debate en torno a este seleccionado fue paralelo al de qué tipo de sociedad quieren los franceses construir en Francia. Así, los ultraderechistas, con Le Pen al frente (el juego de palabras es involuntario), se apresuraron a afirmar que una selección de ese sesgo no podía defender los colores de Francia, ya que muchos de ellos no los sentían.

No obstante, la victoria francesa en su Mundial sirvió precisamente para todo lo contrario, y muchos fueron los que alabaron el multiculturalismo de la sociedad francesa, argumentando también que esa era una de las razones de su éxito. Incluso cuando en las elecciones presidenciales francesas en 2002, cuando se produjo una segunda vuelta entre Jaques Chirac y Jean-Marie Le Pen, muchos pusieron como ejemplo de la Francia que querían aquella multicultural que ganara el Mundial. Algunos de aquellos jugadores (como Lama o Desailly) se posicionaron en contra de Le Pen, uniéndose al voto en masa (más del 80 % de los votos) que, afortunadamente, apartó al candidato de la ultraderecha de cualquier posibilidad de gobierno. Durante la campaña contra la ultraderecha, un conocido diario parisino dedicó la portada a un montaje fotográfico en la que se habían borrado los jugadores de ascendencia extranjera de la selección, con la pregunta ¿es esta la Francia que queremos?

En nuestro caso, de los seleccionados por Luis Aragonés solamente Senna ha nacido en el extranjero, aunque anteriormente jugadores como Donato o Pizzi, nacidos en Brasil y Argentina respectivamente, han representado también a España. En el caso de Senna, esperamos y confiamos en que lo hará bien. Si así lo hace, nadie dudará de su compromiso con la selección y de su legitimidad para jugar en la roja. Pero si no lo hace, si las cosas por lo que sea no le salen bien, si la pelota se empeña en rebotar hacia el lado que no debe, entonces seguro que algún comentarista perdido, del estilo al citado en el comienzo de este texto, se preguntará en alto qué hace ahí Senna.

Nosotros, antes de que eso ocurra, antes de que tenga éxito o fracase, queremos dejar claro que Senna tiene tanto derecho como cualquier otro a defender los colores de la roja. Tiene nacionalidad española, es un hecho. Más allá de dónde haya tenido a bien nacer, más allá de la lengua que hablara de niño, ahora es español. Un español, además, con el que se sentirán bien representados los miles de españoles nacidos fuera de la península que vinieron a nuestro país en busca de un futuro mejor; miles de españoles que son una parte importante y necesaria de nuestra sociedad que, quieran algunos o no, ha cambiado (y para bien).

Temas relacionados:
http://www.archivoddf.com/2006/02/16/el-sentimiento-un-extra

Secciones: España

« El Barça desembarca en Google Video | El test de Martí Perarnau »

Noticias relacionadas