Faltan 2 días
Felipao Scolari de que sus jugadores no se han entregado como es debido en el entrenamiento de hoy: “Ha sido una payasada”. Menos mal que no ha seguido por TVE la retransmisión del España-Croacia. Al final del partido, el inefable Iñaki Cano se ha acercado a Mariano Pernía y le ha espetado: “¡Qué envidia te tengo, macho!”. ¿Cómo calificaría Scolari esas entrevistas tan llanas y cercanas? Usaría algún taco. Seguro.
Llevo varias semanas concentrado con la selección y la mayoría de cosas relacionadas conmigo que han pasado me han parecido bastante divertidas. Empezó el debate sobre mi peso, mejor dicho, sobrepeso. Llevan tres años llamándome gordo por todos los sitios y mi media de goles prácticamente no ha cambiado. Mi peso real está en los goles que he marcado y que, afortunadamente, no he dejado de marcar. Yo estoy muy delgado y guapo cuando consigo algún gol, y feo y gordo cuando no lo hago. Dudo que haya nadie en el mundo que cambie de aspecto con tanta facilidad, pero yo estoy tranquilo porque sé cómo estoy y sé que el seleccionador también es consciente de mi estado de forma.
Hace tiempo que el fútbol ha traspasado la frontera del juego y sus consecuencias. Ya no es el misterioso deporte que se juega con los pies, ni el generador de pasiones incontenibles, ni el refugio ocioso de la clase obrera, ni tan siquiera la bandera de una pequeña comunidad adscrita a sus colores. El fútbol es la representación de casi todas las cosas imaginables, una especie de universo paralelo donde se desarrollan todas las actividades posibles. Es deporte, política, negocio, tecnología, medicina, arte, violencia, fraude, emoción, pensamiento, belleza y fealdad. Se ha escapado de sus límites porque nada le ha contenido desde su nacimiento. […] El fútbol se ha convertido en el símbolo de nuestro tiempo, para lo bueno y para lo malo. Aunque los intelectuales se resistieron durante mucho tiempo a la evidencia de su importancia social, desdén inexplicable porque no se puede vivir de espaldas a lo que es fundamental para la gente, la certeza de la trascendencia del fútbol ya no admite dudas. Puesto que es uno de los grandes símbolos de nuestro tiempo, requiere de la simbología que lo identifique como religión universal. Los estadios hacen ese trabajo. Lo hicieron con modestia en los primeros años del siglo XX, en recintos sin pretensiones que sólo pretendían acoger a las pequeñas comunidades: una ciudad o un barrio. En estos lugares se jugó hasta que el fútbol dio noticias de lo que sería la globalidad. También fue pionero en esto. Cuando el fútbol traspasó el barrio y las ciudades, y después los países, y los continentes, cuando en un pueblo de Uganda se puede ver a un niño con la camiseta del Barça o del Madrid, cuando una antena parabólica capta en la selva amazónica los partidos de Old Trafford o San Siro, entonces no hay manera de disimular que el fútbol es más que fútbol.
Secciones: Fútbol mediático, Alemania 2006, Alemania 2006
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