Tim Cahill revive a los socceroos

ozland2.jpgCuesta arriba, muy cuesta arriba estaban las cosas para Australia, que en el minuto 84 de partido, caía derrotada frente a Japón, en el que en teoría era el partido más asequible del grupo. Pero en 8 minutos de verdadero ensueño, de desmelene futbolístico, de oportunismo, fé y tenacidad, los de Hiddink han conseguido voltear a Japón para llevarse el partido por un total de tres goles a uno.

Cuando uno ve jugar a Tim Cahill con su selección, no llega a explicarse cómo no es titular indiscutible en la misma. El centrocampista del Everton encarna todos los valores que cualquier entrenador desearía en un jugador de su equipo. Tiene un enorme compromiso con la selección, capacidad de liderazgo asumida y respetada por sus compañeros, y sobre todo, un carácter ganador incontenible, capaz de remontar un partido en apenas 10 minutos, cuando las fuerzas ya flaquean y el rival se encierra.

Japón ha dado evidencias de lo que siempre se le ha achacado. Es una selección que, pese a la evolución que han logrado en los últimos años, no termina de aprender a competir. Es excesivamente blanda e inocente, tanto en ataque como en defensa. Para hacer un gol, necesitan de muchas oportunidades, y cualquier jugada un poco comprometida en defensa, les crea muchos problemas. Hoy hemos podido apreciar con nitidez esas carencias de los de Zico. Con 0-1 y el partido expirando, en lugar de “matar” el encuentro, esconder el balón a los australianos, y alejarlo de su portería, se han venido atrás, han concedido peligrosas faltas al borde del área y han pecado de timoratos y pusilánimes a la hora de defender ante los poderosos delanteros aussies (Viduka, Aloisi).

Les falta la fuerza y el empaque que Australia sí tiene. Si estos se han llevado el choque, ha sido porque sus golpes son los de un peso pesado, mientras que los de los nipones equivalen más a los de un peso pluma. Así, la clase de Nakamura o Yanagisawa se pierde en los errores y despistes que van concediendo a lo largo de los partidos. Quizá dando entrada en el medio campo a algún jugador de mayor presencia física, como Shinji Ono o Junichi Inamoto, los japoneses ganarían en contundecia y agresividad, cualidades que con el equipo mostrado ayer por Zico, no aparecen por ningún lado.

No es tanto por el fútbol que proponen los asiáticos, sino más bien por la manera en que lo ponen en práctica. Esa falta de contundecia, esa carencia de punch, hacen que su juego alegre y desenfadado se estrelle una y otra vez contra su incapacidad competitiva. Y la gran oportunidad de lograr una victoria en este Mundial que se ha esfumado. Australia, por su parte, ha cumplido con su “obligación”, y todo lo que haga a partir de ahora, será un rotundo éxito.

Secciones: Alemania 2006, Alemania 2006, Australia, Japón

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