Velando armas…

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Dos horas para el pitido inicial. Dos horas para que España entera se paralice una vez más ante el televisor, la radio, Internet, o lo que cada uno pueda y tenga a mano (otros han tenido más suerte). Dos horas para que, tras una espera de cuatro años, podamos volver a calibrar el verdadero potencial de nuestra selección. Dos horas para romper el hielo y ser conscientes de que el Mundial ya ha empezado incluso para nosotros. Dos horas para que el hoy capitán Casillas gane el sorteo y elija el campo adecuado. Dos horas para mentalizarse y olvidarse de que nunca seremos favoritos en un Mundial.

Y la picaresca que comenzará a desatarse. Hoy muchos entrarán a trabajar algo más tarde de lo habitual. Algunos lo vivirán incluso de manera clandestina y otros alargarán el café más de lo acostumbrado. Incluso los no aficionados al fútbol, los que nunca se interesan por si el Madrid pierde de nuevo o el Barça arrasa al Chelsea, saben que España debuta a las 3 de la tarde. La selección española es diferente y, aunque algunos se empecinen en demostrar lo contrario, somos muchos los que sí estamos verdaderamente empapados de ese espíritu de selección.

Y a los futbolistas, a los once (o catorce) que hoy nos representen a todos: olvidáos por un momento de vuestros equipos, de vuestros multimillonarios contratos y de vuestros piques y rivalidades. Jugar con una selección nacional es volver a los orígenes, no del fútbol, sino de la Humanidad. Al viejo enfrentamiento tribal.

Aquí no se representan unos intereses comerciales, aquí lo único que entra en juego es el orgullo nacional, esa sensación de ser mejores que el resto, de que “los de aquí” jugamos mejor que “los de allí” y morir en el campo defendiendo esa idea, … y eso no se compra. Se tiene, o no se tiene.

Secciones: Selección Española, Alemania 2006, Alemania 2006, España, Ucrania

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