¿Y esto era Brasil?
Meses y meses hablando de la magnífica superioridad de Brasil. Convertidos por aclamación popular en favoritos número uno al título. Elevados a los altares futbolísticos por prensa y buen número de aficionados… Y anoche terminaron pidiendo la hora contra Croacia. ¿Inimaginable hace una semana, verdad?
No es tan fiero el león como lo pintan. La ordenada y voluntariosa selección croata puso en serios aprietos a los cariocas contra todo pronóstico. Lo que todo el mundo vaticinaba como una victoria fácil de la canarinha, como una nueva exhibición ante el mundo de los Ronaldinho, Ronaldo, Adriano o Kaká, se quedó en agua de borrajas, en un triste simulacro, en el que quizá sólo el jugador milanista se salvó de mediocampo hacia delante. Que Emerson fuera el jugador más destacado a lo largo de todo el partido dice mucho sobre el encuentro que realizaron los de Parreira. Al final lo que vale es la victoria (pírrica, pero victoria al fin y al cabo) y los tres puntos, dirán algunos. Pues sí, pero esa misma lectura podría entonces aplicarse para la criticada y denostada Italia de Lippi.
Es indudable que las individualidades que posee Brasil no las tiene ninguna selección del mundo. El zapatazo de Kaká es una buena muestra de ello. ¿Pero es eso suficiente para ser considerada como favorita número uno al título?
Brasil es vulnerable, y ayer Croacia lo demostró. Peleando desde el comienzo, no dando un balón por perdido, convirtiendo cada palmo del terreno de juego en una emboscada y dando la ilusión óptica de convertir el campo en un gran tablero de ajedrez rojiblanco, la selección de Kranjcar a punto estuvo de arrancar un empate ante los campeones del mundo. Si Prso y Klasnic llegan a estar un poco más atinados de cara a puerta en los minutos finales, estaríamos ahora hablando de la primera gran sorpresa de este Mundial.
Desaparecido Ronaldinho, perezoso y cansino Ronaldo, descolocado Adriano. Las bandas brasileñas son un verdadero quebradero de cabeza para Parreira. Ni Cafú ni Roberto Carlos son los de hace cuatro años, y Darío Srna y Marko Babic pueden dar buena fe de ello. Si a ello le unimos la tradicional inseguridad de Dida en la portería, los numerosos rechaces que concede a tiros desde larga distancia, y el escaso compromiso defensivo de los tres de arriba, el cruce de Brasil en octavos de final (contra Italia o República Checa) puede traer sorpresa.
Secciones: Alemania 2006, Alemania 2006, Brasil, Croacia




