Argentina se desmelena

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Todos los Mundiales disputados hasta la fecha han dejado para el imaginario futbolístico popular momentos inolvidables e irrepetibles, partidos de ensueño, goleadas de escándalo, actuaciones individuales para enmarcar, que cualquier aficionado identifica rápidamente en su memoria y lo asocia con el Mundial en cuestión en el que se produjeron. Si México’86 fue el Argentina-Inglaterra, con la mano de Dios y el golazo de Maradona sorteando ingleses, en Italia’90 todos recordamos la actuación estelar de Goycoechea bajo los palos de San Paolo en la tanda de penalties que llevaría a Argentina a la final. Qué será lo que tiene Argentina, que siempre nos deleita con momentos mágicos en los mundiales.

Hoy creo que hemos asistido a otro de esos momentos inolvidables del fútbol. A pesar de la relativa “intrascendencia” del choque, Argentina ha ofrecido al planeta una lección de fútbol de toque (6-0) frente a una desquiciada Serbia y Montenegro, que apenas le ha opuesto resistencia. No podremos nunca hablar de “el mejor partido del Mundial”, porque sobre el campo sólo ha existido un equipo… pero qué equipo. Desde el discutidísimo Abbondanzieri, hasta Leo Messi, último jugador en entrar en el partido. Todos sin excepción han ofrecido una de las mejores actuaciones colectivas que yo recuerdo en mucho tiempo.

El balance defensivo, en las pocas incursiones de los balcánicos en el área albiceleste, ha sido sobresaliente. Ayala y Heinze como dos colosos, con un Sorín velocísimo y con gran presencia ofensiva. Curioso lo de Nicolás Burdisso, un jugador que se pasa toda la temporada como lateral izquierdo en el Inter, y que Pékerman traslada a la otra banda. No es un jugador de banda, y se le nota (y Zanetti en casa). Argentina juega sin lateral derecho, pero qué más da si juega como hoy.

Mascherano ofrece esa labor ingrata y desapercibida de ofrecer equilibrio entre el ataque y la defensa. Permite además que tanto Cambiasso como Riquelme (elegido mejor jugador del partido) queden liberados de tareas defensivas, y den rienda suelta a su imaginación ofensiva, el uno con su demoledora llegada, y el otro con su privilegiada visión de juego.

Y arriba… cada vez que el balón llega al último tercio del campo, una “blitzkrieg” futbolística se desata sobre la portería rival. La multitud de opciones ofensivas que presenta esta albiceleste es abrumadora. Si no es la velocidad del renacido Saviola, es la potencia y contundencia rematadora de Crespo, y si no, el oportunismo y el orden táctico de Maxi, o la garra y la técnica mezcladas por igual de Carlos Tévez. Y por supuesto, y sobre todo, la electricidad, el “ángel”, la vara divina de Lionel Messi. 15 minutos sobre el campo, con el partido ya decidido, y un gol y una asistencia de gol para Hernán Crespo. No cabe duda de que el jovencísimo extremo argentino está bendecido por los dioses del fútbol. Ya sólo pedimos que Pékerman no nos lo dosifique con cuentagotas, que nos deje disfrutar de él en plenitud. Ah, y en el banquillo aún aguardan Rodrigo Palacio, Pablo Aimar y Julio Cruz.

Mención especial merece el segundo gol de Argentina, obra de Esteban Cambiasso. Tras 25 toques consecutivos de TODO el equipo, una eléctrica combinación en la frontal de área de Jevric entre Riquelme, Crespo, Saviola y el propio Cambiasso, ha desencadenado uno de los goles más brillantes y espectaculares de la historia de los mundiales. Los tres últimos toques del balón (la leve y delicada dejada de Cambiasso a Crespo, el taconazo de éste para la pared con Cambiasso, y el disparo a gol del “Cuchu”) han sido de antología futbolística. Imperdonable perdérselo.

Ya hay un equipo al que temer seriamente en este Campeonato del Mundo.

Secciones: Alemania 2006, Alemania 2006, Argentina, Serbia y Montenegro

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