Corea castiga a Doménech

golcori.JPG Hasta Zidane lo sabía, y por eso se ha enfrentado a su entrenador. No puede ser que un equipo como Francia salga frente a Corea con dos mediocentros defensivos. Es impensable que Henry vuelva a ser el islote solitario, a pesar de haberse quejado de estar desasistido, del lamentable partido ante Suiza y del monumental enfado de un Trezeguet que se siente marginado con motivo. Y sobre todo, no puede ser que salga un conjunto con media de treinta años y cuyos días de gloria claramente quedaron atrás, cuando en el banquillo andan tipos que se llaman Ribéry, Govou o Dhorasoo. Si andas diez segundos por el alambre, puedes salvarte; si andas tres kilómetros, seguramente te despeñes.

Y eso que les bleus prometían en los primeros quince minutos, sin duda los mejores que han jugado en el Campeonato. Una presión asfixiante sobre la línea media coreana, Malouda (que era novedad) entrando como un puñal por la banda izquierda, Vieira recordando sus tiempos no tan lejanos de mariscal de campo, y sobre todo, Henry reconciliando al once del gallo con el gol. Superioridad aplastante, y olor a paseo.

Pero como viene ocurriendo con este equipo, en cuando el viento empezó a soplar de cara, se dio un paso atrás. La línea de presión retrocedió veinte metros, Zidane comenzó a percibir de nuevo la cara siniestra de la soledad, y el olor a peligro se alejó poco a poco del marco asiático; apenas un balón en profundidad que despejó, valiente, el guardameta Won-Jae, y un remate tras córner del tipo “entró o no entró” (quizá sí). Sin noticias de Corea, una selección con cierto orden y jugadores aseados, pero sin gran velocidad, ni desborde, ni mucho menos gol. Ni una sola vez probaron a Barthez en el primer periodo.

La segunda mitad comenzó igual, aunque pronto llegó la buena noticia del ingreso de Ribéry, ese pequeño gran jugador de característica cicatriz. Su ingreso dotó de electricidad a la banda izquierda francesa durante un rato, antes de ser consumido por la mediocridad general y el juego cada vez más parsimonioso de los franceses. A falta de un cuarto de hora, Advocaat se la jugó sacando al delantero Hwan, y los asiáticos comenzaron un tímido asedio de la portería de Barthez. No parecía nada: un balón perpendicular aquí, un caracoleo allá… Y súbitamente, como una picadura de abeja, cabezazo de Jin, toque agónico de Park, y empate.

Los galos no se lo creían: un miserable punto a diez minutos del final ante un equipo que ni había propuesto ni había demostrado nada. Como de costumbre, se pretendió arreglar en diez minutos un desaguisado que había costado ochenta montar, y también como de costumbre, nada ocurrió. Sólo una confirmación más de que Henry falla más mano a mano en situaciones límite de los que deben permitirse a quien aspira al título de mejor delantero del mundo, y la enésima constatación de que Zidane se vuelve Mr. Hyde cuando las cartas vienen mal dadas.

A Doménech sólo le queda una bala para aspirar a la redención, que es la de la juventud frente a Togo, y es probable que también sea inútil. Han sido demasiados pasos por el alambre.

Secciones: Alemania 2006, Alemania 2006, Francia, Corea

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