Desengañémonos: nunca ganaremos un Mundial

torres_esp.jpgSí, puede que el título esté un poco condicionado por la desazón que nos ha dejado a todos esta eliminación. Puede que dentro de ocho mundiales España reúna una generación de futbolistas con otra mentalidad, que no estén afectados por el pasado y que, partiendo de cero, consiga alzarse con el título de campéon del mundo. Pero eso ahora no sirve de consuelo.

En este Mundial fuimos de más a menos. De la exhibición frente a Ucrania, a la decepción y los dos remates entre los palos ante Francia en octavos. No se puede competir peor. Exhibirse cuando no resulta necesario (aunque siempre resulta agradable para los sentidos y para el orgullo), y empequeñecerse cuando las cosas se ponen serias de verdad. Justo lo contrario que Italia, que Alemania, o que la misma Francia.

Las lágrimas de Cesc Fàbregas, el mejor de España en este Mundial, en el centro del campo, con la mirada perdida en el infinito y los labios temblorosos, es lo que mejor refleja el sentir de un pueblo demasiado acostumbrado al drama futbolístico.

Mañana por la mañana, con calma, con frialdad, será momento de analizar nuestra actuación en este campeonato.

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