La ciencia de los penaltis

totti_italia.gifAyer, en la retransmisión de Canal+, mientras suizos y ucranianos escogían a sus lanzadores y los espectadores se despertaban para ver la tanda, Julio Maldonado aprovechó para atajar uno de los cientos de tópicos que nos rodean: “Los penaltis no son ninguna lotería”.

Martí Perarnau abunda hoy en ello con argumentos similares a los que enumeraba Maldini: “Los penalties son una especialidad en la que convergen muchos factores (físico, técnico, anímico, incluso táctico) y ninguno de ellos tiene que ver con las loterías”.

“La presión empequeñece la portería, agranda al guardameta y encoge al lanzador […] cuya sangre se espesa y ralentiza su llegada al cerebro. Cuando te la estás jugando, todo cambia. Influye el cansancio físico, pues la velocidad de ejecución de cualquier movimiento decrece de forma espectacular. La acumulación de ácido láctico en los músculos y la ausencia de oxígeno en sangre convierten al jugador más hábil en un hombre torpe. […] Pero nada de ello es comparable a la trascendencia del factor psicológico. Sobre todo es crucial la confianza en uno mismo, pero no sólo eso. En un lanzamiento suelto influye sobremanera si el penalti señalizado ha sido justo o bien fruto de un error arbitral. También influye el rendimiento ofrecido durante el partido. O cualquier fallo en otro lanzamiento, sea en el mismo encuentro o en uno anterior. Pero por encima de estos factores colaterales, la confianza es primordial. Basta leer los ojos del lanzador para contemplar su estado anímico y valorar casi matemáticamente sus posibilidades de acierto”.

En El País, Javier Martín dedica un artículo a hablar de esta suerte (mejor que lotería). Cuenta, entre otros experimientos, que un estudio del Instituto holandés de Ciencias para el Movimiento Humano dividió a los lanzadores entre aquellos que se fijan en los movimientos del portero y los que lanzan a un lugar decidido de antemano. Los primeros tenían éxito el 50% de las veces; los segundos, el 100%. El penalty con el que Totti dio ayer la clasificación a Italia es un magnífico ejemplo. Según algunos, habría que conservarlo en vídeo para explicar a los niños cómo se lanza desde los once metros.

“Los psicólogos”, escribe Martín, “recomiendan que, en el caso de las tandas de penaltis, empiecen a tirar los jugadores más débiles. Mentalmente, les reconforta que detrás vayan los mejores”. El seleccionador ucraniano, Oleg Blokhin, hizo ayer justo lo contrario. Eligió a Shevchenko como primer lanzador. Como recuerda Perarnau, el recuerdo de la final de Estambul está aún demasiado fresco.

“La universidad John Moores de Liverpool enseñó a varios porteros vídeos de lanzamientos desde el punto de vista del guardameta. La imagen se paró cuatro veces: 120 milésimas antes del chut, 40 milésimas antes, en el momento del impacto y 40 milésimas después. En cada parón los porteros aventuraban dónde iría el balón. El elemento clave para acertar era la posición de las caderas en el golpeo. Disparando con la derecha, si las caderas se quedan de frente, el balón va hacia la derecha del portero; si se colocan de perfil, va al otro lado”.

Los penaltis no siempre hacen justicia ni dan la victoria al mejor. Quizá es eso lo que se pretende explicar cuando se emplea la palabra lotería. Pero está claro que son una especialidad y, a falta de ideas mejores, el único método válido para deshacer un empate.

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Secciones: Alemania 2006, Alemania 2006

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