Triste despertar

spainafrance.jpg

Ayer mismo la mitad más uno de los españoles creían que Francia primero y después Brasil se ahogarían en una marea roja. Hoy, sin embargo, mientras toda Francia recuerda tiempos mejores, una sensación de déjà vu se ha apoderado de los españoles. Tenemos la amarga y extraña sensación de que todo esto, ya lo hemos vivido.

Bien podríamos titular este post “Crónica de una muerte anunciada”. Todo parecía conducir a este punto. Ayer por la mañana, un amigo mío, sabio en cuestiones futbolísticas y literarias, me dijo mientras tomábamos un café: “chico, parece que nos olvidamos de que frente a nosotros está Francia”. Y después hizo una pausa, con la mirada perdida, y dando un enorme trago a su café, añadió solemne: “Francia”, como si la sola pronunciación de ese nombre le recordara algo temible.

Mientras volvía a casa, conduciendo, escuchaba en la radio a los tertulianos. Ayer por la mañana tocaba patriotismo forofo. Gran parte de las envidias nacionales aparecían en sus comentarios. Unos decían que una victoria contra los franceses es una doble victoria. Se recordaban viejas batallas, se exorcizaban miedos nacionales. Incluso se hablaba de la vieja Europa (la de Zidane, Vieira y Thuram) para anunciar nuevos tiempos el Viejo Continente (el de los Cesc, Torres y Sergio Ramos).

En fin, que no sabemos casi cómo, pero tras haber vencido en el grupo a Ucrania (debutante en un Mundial), Túnez y Arabia Saudí, nos enfrentamos a Francia, nuestra histórica “bestia negra”, campeona del Mundo en 1998 y de Europa en 2000, yendo de favoritos.

Es innegable: en todo el país, con más o menos intensidad, se había instalado un clima extraño de favoritismo. Se apoderó de nosotros una especie de euforia infundada, más propia de caracteres inestables que de mentalidades ganadoras. Como si de un depresivo en un momento transitorio se tratara, el ánimo español se intentaba autoconvencer de que “todo va a cambiar, y de que “la vida puede ser maravillosa”.

Pero todas nuestras esperanzas se fueron volatilizando, poco a poco, durante noventa minutos. Previa a la desesperación final, un momentito de euforia en forma de penalti transformado. Después, todo se vino abajo. Hoy, despertamos.

Como si de una resaca se tratara, nos preguntamos por qué nos dejamos llevar por un estado de ánimo tan falso, tan irreal. ¿Cómo pudimos ser tan ilusos de creer que podíamos ganar un Mundial? Ahora nos miramos en el espejo, y nos vemos más feos que nunca. Las victorias antes enormes ante Urania y Túnez, nos parecen esta mañana grotescos caramelos que nos hicieron soñar lo imposible, puertas entreabiertas que parecían llevar a un lugar maravilloso, cuando en realidad conducían a la nada.

Nos lo creímos, sin recordar que los sueños solo duelen cuando olvidamos que estamos soñando.

Hoy he hablado de nuevo con mi amigo. Me ha dicho: “Galder, somos como ese amigo nuestro que se ha convencido de que es el más guapo y del que se ríen hasta las más feas. Y, como él, de vez en cuando, vemos nuestra verdadera imagen en el espejo y lloramos. Pero no lloramos por ser feos, no. Lloramos porque no somos los más guapos. Y eso es muy triste, Galder, muy triste”.

Secciones: Alemania 2006, Alemania 2006

« La gran sentada de NdF (I): España lo ha probado todo | ¿Debe seguir Aragonés? »

Noticias relacionadas