¿Quién critica ahora a Italia?

Italia gana

Jugando al ataque, atreviéndose, y olvidándose de especular. Italia ha alcanzado la final de este Campeonato del Mundo jugando como pocas veces la hemos visto jugar. Atrás quedarán las repetitivas críticas por su juego defensivo, atrás quedará esa cantinela de “Italia siempre gana igual”, la apuesta de Lippi en la prórroga, aparte de demostrar el pánico que tenían los transalpinos a la tanda de penalties, ha dejado claro que cuando quieren, también saben ir a por el partido. Y colarse en finales de campeonatos del mundo.

La lástima, la pena que siento como aficionado al espectáculo de lucha, pasión y entrega que supone el fútbol, es que Alemania haya tenido que quedarse fuera. No quiero ni imaginarme lo que debe sentirse en el país organizador del Mundial en estos momentos, Me entristece por mis amigos alemanes y porque la selección de Klinsmann ha dado una lección al mundo de lo que es creer en uno mismo y saber sobreponerse a las críticas.

La prórroga que nos han ofrecido italianos y alemanes bien pudiera calificarse como los treinta mejores minutos del presente Mundial. Con el cansancio, no sólo de este intensisimo partido, sino de los cinco anteriores, acumulado en las piernas de los jugadores y las fuerzas flaqueantes, el corazón podía más que las piernas, y ambos equipos se golpeaban como púgiles buscando el k.o.

Fundamental ha sido la salida de Vincenzo Iaquinta. El potente delantero del Udinese ha vuelto loca a la agotada defensa germana, con su movilidad y sus potentes arrancadas desde medio campo. Por sus características (jugador de potente zancada que arranca lejos del área), era el delantero ideal para el momento en el que se encontraba el partido, y Lippi ha sabido interpretarlo.

Por Alemania, la salida de David Odonkor no ha supuesto el revulsivo que todos nos esperábamos, como sí resultó el día de Polonia, y ha sido bien sujetado por Grosso en la mayor parte de las acciones ofensivas del extremo alemán.

Sin caer en el centrocampismo, Italia y Alemania se encontraban sólo cerca de las inmediaciones de sus respectivas áreas, en jugadas ofensivas llenas de peligro que se sucedían una y otra vez para ambos bandos. Un monumento al sacrificio, en el que los futbolistas despedazados por el cansancio y la tensión apenas tenian fuerza para regresar a defender a sus campos, convirtiendo el encuentro en una especie de cinco contra cinco alterno, una vez en cada área.

Cuando el partido ya parecía condenado a la tanda de penalties, el final más cruel les esperaba a los teutones en forma de disparo con rosca hacia el palo derecho de la portería de Lehmann, el lateral del Palermo Fabio Grosso, con el perfil cambiado, hacía inútil la estirada de Jens Lehmann, que sólo podía girar el cuello para ver cómo los sueños de todo el país se le escapaban de su control y acariciaban la inmaculada red de su meta. A falta de un minuto para el final de la prórroga, a falta de un sólo minuto para los ansiados penalties que tan concienzudamente habían preparado los de Klinsi… Pero ya no había remedio. Italia conseguía el segundo y definitivo gol, obra de Alex Del Piero magníficamente asistido por Alberto Gilardino, y el delirio azzurro inundaba Dortmund.

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