Decepciones en el Mundial (I)
Comenzamos aquí una miniserie sobre algunos jugadores y equipos de los que, en general, se esperaba más en el Campeonato del Mundo.
Ronaldinho personifica mejor que nadie el fracaso de la selección brasileña en esta Copa del Mundo. El que ha sido unánimemente considerado mejor jugador del Globo por sus fenomenales actuaciones con la camiseta del Barcelona se ha mostrado en Alemania como un jugador individualista, roto en los segundos tiempos por el calor y el esfuerzo físico, y recordando peligrosamente al futbolista que estuve a punto de hundirse en el olvido en el PSG. Es cierto que, debido al sistema de Parreira, ha debido ejercer durante muchos minutos de medio centro y esto le ha restado capacidad ofensiva; también es verdad que en la canarinha el Gaucho no posee la autoridad moral que ejerce en un Barça en el que ha ejercido de Mesías (quizá el libre directo contra Francia, a cinco minutos del final, hubiera ido dentro de vestir el crack la camiseta blaugrana, como ha ocurrido en tantas ocasiones); pero aún así, no podrá negarse que este Mundial será una mancha en el expediente del hombre de la sonrisa permanente. Ningún gol y una sola asistencia así lo atestiguan.
Cuando a finales del año pasado se votó el Balón de Oro que ganó Ronaldinho, varios de nosotros escribimos un post en el que cuestionábamos la justicia de tal designación, defendiendo que dicho galardón debería haberse otorgado a Frank Lampard. Sin embargo, el jugador total que llevaba dos años asombrando a Europa y que ha sido responsable en gran parte del encumbramiento del Chelsea, ha pasado por Alemania como una sombra. Su peso en el equipo ha sido absolutamente irrelevante, desacertado a la hora de filtrar sus famosos pases verticales, lejos del despliegue físico que le ha hecho grande, y negado delante de la portería. Sólo en el partido ante Paraguay pareció cerca de su verdadero nivel. Además, la confianza depositada en él por Eriksson fue tal que el míster prefirió sacar de su demarcación a Gerrard (en mucha mejor forma) para darle a Frank el puesto en el que mejor se desenvuelve; una decisión lógica a priori, pero que con el devenir del torneo fue tornándose cada vez más dañina para los pross. Sin duda, una parte importante del fracaso de los ingleses debe cargarse sobre las espaldas de su jugador franquicia.
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