Más sobre los “pecados veniales”
Abundando en las vergonzosas reacciones que han seguido al fallo del Tribunal sobre el escándalo de corrupción en Italia (de alguna de las cuales ya nos hemos hecho eco) os dejamos aquí otras perlas leídas hoy en el País. Por ejemplo la siguiente, de un portavoz de Berlusconi, que se quejaba de las sanciones en los siguientes términos:
La sentencia afecta a casi veinte millones de seguidores; impide a Italia, campeona del mundo, estar representada a alto nivel en las copas internacionales y obligará a nuestros mejores jugadores a jugar en el extranjero
Estupendo, pues. Esto es como uno que roba quinientos millones en el banco, pero no se le puede condenar porque esto afectaría sus amigos, perjudicaría su reputación de ciudadano respetable y obligaría a su familia a trabajar mientras él estuviera en la cárcel. Una idea cabal de la justicia, sin duda. Y ya que hablamos de esto, otra buena frase, ahora de un directivo de la Fiore:
En estos días muchos se han llenado la boca con la palabra justicia
A lo mejor es que cuando hay un gravísimo delito en el que se juega con la buena fe y los sentimientos de millones de personas, cuando se emponzoña hasta este punto el buen nombre del fútbol, cuando unos desalmados dan el mayor ejemplo de amoralidad, de todo vale y de corrupción sin importar el daño que puedan causar a los demás, lo primero que uno espera es que se castigue a los culpables, y lo segunda que la pena sea tan dura que a nadie se le ocurra volver a intentarlo. Qué raro es el ser humano, ¿verdad?
Y de postre, el colmo del surrealismo: los aficionados de los equipos castigados pidiendo en la calle que se revoque la sentencia (quizá los mismos que pusieron en Delle Alpi la pancarta “El fin justifica los medios”). No sé ellos, pero desde luego si yo supiera que mi equipo ha estado ganando títulos de este modo, no es que un castigo duro me pareciera correcto, sino que desearía el más severo posible, el único antídoto contra la crisis de identificación con mis colores que me sobrevendría.
Ya como conclusión, parece increíble que todos estos individuos no se den cuenta del daño que este escándalo provoca no sólo en la imagen del fútbol italiano, sino de Italia como nación. Y que la única manera de eliminar ese impacto es precisamente lo que se está haciendo: una actuación judicial rápida, limpia, y sobre todo ejemplar. Si los jueces aguantan la presión de los poderes fácticos y al final se cumplen los castigos, podremos recobrar la fe en muchas cosas que están en entredicho; si no es así, asistiremos a la muerte y entierro del Calcio. Ojalá no ocurra así. Ojalá.
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