La revolución se llama Roberto Carlos
Roberto Carlos se queda en el Madrid. O, al menos, eso parece. Aunque en los últimos meses se ha especulado mucho sobre su salida, y especialmente con el interés del Chelsea, el brasileño permenecerá un año más en Chamartín, donde llegó hace ya una década. En estos diez años, el Bernabeu ha disfrutado con el que posiblemente ha sido el mejor lateral ofensivo de la historia (el título de lateral, a secas, bien se lo puede disputar Paolo Maldini). Pero, una vez más, el Madrid mira al pasado. Para afrontar el futuro, lo último que debe hacer es seguir contando con Roberto Carlos.
Porque Roberto Carlos encarna como nadie la decadencia galáctica, los vicios y carencias que han conducido al equipo a la crisis, a la incertidumbre, a la nada más grandilocuente. Porque Roberto Carlos es un jugador en evidente declive físico y deportivo. Porque es un profesional carente del menor sentido de la autocrítica, capaz de sostener que su equipo lo ha hecho todo muy bien después de no chutar a puerta en 90 minutos o de culpar a los chicos del filial tras una eliminación en la Copa a manos del Real Valladolid. Porque es un especialista en huir hacia delante (esos lideratos antes de Navidad) y en generar conflictos internos, como sucedió en la breve etapa de Camacho. Porque la era Calderón, en definitiva, no puede comenzar heredando los defectos del florentinato, finiquitado principalmente por su ceguera y su autocomplacencia.
[Foto: Realmadrid.com]
Actualización [29-VII]: Marca anuncia hoy que Roberto Carlos será traspasado el lunes al Fenerbahçe por cinco millones de euros.
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